
El sentido común debe imponerse por encima de cualquier ambición personal. Se supone que una persona sensata piensa en el bienestar común antes que en el individual y más si está en juego la suerte de una nación. ¿Hará esto Leonel Fernández?. ¿Se dejará llevar de las sirenas que le cantan en la lejanía y que, como en la mitología griega, perdían a los marineros?
Un político sagaz, como ha demostrado en reiterada ocasiones que es Fernández, se da perfecta cuenta de lo que realmente le conviene a él y a su país.
El mandatario no es tonto y ha visto claramente que la sociedad no es la misma de unos años atrás y que no está en capacidad de aguantar otro período dirigido por él o quizás por el partido. Sabe que han cambiado las cosas, las circunstancias. El cansancio que arrastra el desgaste del poder se ha apoderado de la administración morada. Ya la magia no es la misma y Leonel está consciente de ello y de que su permanencia en el poder es prácticamente imposible.
Sabe que no puede reelegirse no solo porque la Constitución se lo prohíbe, sino por el cansancio del pueblo -que no sale de un escándalo de corrupción para entrar en otro- y está cierto también en que el coste político de cambiar la Constitución para ir por otro mandato es inmenso.
¿Qué hace un político inteligente en esa situación?, ¿Se lanza o juega con la gente?...... Mientras el tiempo transcurre el alumno de Balaguer nos regala esta perla: “Desde que el mundo es mundo, después del primero va el segundo”.
Sandra Guzmán es periodista
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (4)