
Los periodistas somos los culpables de que los diputados acudan al Congreso a aprobar leyes que beneficien a la población y terminen apoyando proyectos que hacen todo lo contrario, por atender una “línea” de su partido o por razones que solo ellos conocen.
Somos culpables de los altos salarios que reciben y que cada día aumentan más con una voracidad solo comparable a la de una termita en un pedazo de madera.
Somos culpables de las exoneraciones que reciben y las negociaciones que posteriormente hacen con ellas. Somos culpables de que en vez de legislar –para lo cual fueron escogidos- se dediquen dizque a realizar obras de beneficencia.
También de que acudan a pocas sesiones; de que no justifiquen su declaración jurada de bienes; del espectáculo deprimente que dieron a la población durante el conocimiento de la reforma constitucional; de que sean acusados de embarazar menores y no reconocer hijos, al igual que de traficar con ilegales; de que representen una demarcación y residan en otra; de que pasen de una organización política a otra cuando quieren obtener algo.
En fin, los periodistas somos los únicos y absolutos responsables de que la población tenga una “mala imagen” de estos legisladores. ¡Qué comienzo, Luisín!. Lástima que este período sea de seis años.
Sandra Guzmán es periodista
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