En días pasados a los dominicanos nos pasó por inadvertido un hecho que debería llenarnos de vergüenza e indignación, por atentatorio al derecho a la vida privada y a la dignidad humana.
Cuando un médico, persona que se supone está para devolver la salud a los enfermos, revela datos como lo hicieran los galenos que atendieron al hombre que presentó un cuadro de priapismo –erección prolongada-, estamos ante personas que, además de indiscretas, faltan a la ética y al secreto profesional.
Daña la dignidad humana que estos “profesionales” que atendieron al hombre revelaran que éste se encontraba así debido a que había consumido cocaína. Esos detalles solo les correspondían a sus familiares. La vergüenza del hombre no podía ser mayor debido a la penosa situación que le aquejaba. Las revelaciones muy probablemente también apenaron a sus parientes, que de un momento a otro fueron expuestos sin pedirles permiso.
Hasta cuándo los dominicanos veremos indiferentes cómo los médicos de los hospitales atropellan a los pacientes que allí acuden, porque difícilmente se vea que en una clínica uno de estos “galenos” se atreva a ventilar intimidades de los enfermos. Pareciera que se ensañan con las personas de escasos recursos.
Lo peor de todo es que nosotros como sociedad en vez de reaccionar reclamando nuestro derecho, porque cuando se violentan los derechos de un individuo se violentan los de todos, reaccionamos con burlas, desprecio o indiferencia. Lo más penoso de esto es que sin darnos cuenta nos hacemos cómplices de situaciones que nos hunden cada día más en el subdesarrollo que tanto negamos como nación.
Sandra Guzmán es periodista
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