
Los dominicanos estamos jugando de un tiempo a esta parte a revivir la tiranía trujillista, época que tanto dolor y lágrimas causó al pueblo durante 31 largos años. De continuar con ese jueguito podríamos llevarnos una sorpresa que podría tornarse muy desagradable.
Vemos como Angelita Trujillo, valiéndose del derecho a la libre expresión del pensamiento consagrado en el país, pone a circular un libelo donde lo menos que hace es tratar de canonizar a su progenitor y enlodar a todos los que lo combatieron.
Luego siguen con una fundación, que se promueve en la web, que honra la memoria del dictador en busca de limpiar su imagen, para posteriormente salir a la luz diversas publicaciones en medios comunicativos defendiendo las acciones de ese ser abominable que nunca debió dirigir la nación dominicana. Además, se debate si éste mataba a no a mujeres, cuando lo importante es no olvidar nunca que asesinaba por cualquier motivo a seres humanos, sí, seres humanos, al margen de su género y edad.
Vemos como se ha vendido la idea de que las personas que se oponen a darle espacio en el país a los herederos del sátrapa, lo que tienen es miedo a la verdad, una verdad que, añaden con el propósito de inculcar miedo, tumbará “santos de sus altares”. Tratan, también, de restarle meritos a los ajusticiadores de Trujillo, y algunos van tan lejos que han afirmado que no son héroes nacionales, como la historia del país los señala.
Lo que no saben muchos de los que han permitido que los Trujillo se cuelen de nuevo en la sociedad dominicana, es que en el país existe una nostalgia por aquellos tiempos de “mano dura”, un cansancio por el desorden que impera en la nación y un desencanto por la política vernácula, que lleva, lamentablemente, el Estado hacia el abismo.
Ante ese panorama, obviamente y teniendo en cuenta que la mal llamada izquierda de aquí no existe, cualquier cosa podría pasar y, quizás, pronto veremos como un Trujillo, auspiciado por un partido político o de mano de uno propio, obtiene una curul en el Senado o trata de dirigir el Estado nuevamente. Recuerden que este país es mágico, o como dice la sabia periodista Altagracia Salazar “que esto es monte y culebra”.
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