
La sustitución de la leche con sabor a chocolate no es la acción requerida ante tantos casos de menores intoxicados luego de ingerir ese producto del desayuno escolar. Tampoco el anuncio de que temen un sabotaje en la iniciativa gubernamental.
El problema no se soluciona de esa manera. Se requiere de una actitud más responsable, o acaso las autoridades no están conscientes que están jugando con la vida de nuestros niños, que precisamente por su condición merecen nuestra protección de manera continua. No se trata de querer dañar a ninguna empresa en particular, se debe entender que la vida de los seres humanos, especialmente de niños, está por encima de los intereses de cualquiera.
La acción en estos momentos debe ir más allá de la consabida y recurrida investigación con la que siempre se echan al saco del olvido los problemas que afectan a la nación. No debe esperarse que la situación llegue a tragedia, cuando entonces, no se pueda hacer nada, más que buscar culpables.
El gobierno debe aceptar que hace mucho el desayuno escolar, como se distribuye en la actualidad viene dando problemas y eso es algo que se debe acabar. O se corrige de forma que funcione bien y cumpla con su cometido, que es nutrir a los pequeños, o se deja de lado definitivamente.
Sandra Guzmán es periodista
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