
Está por demás demostrado. En este país todo condenado a la cárcel, especialmente las especies mal llamadas banqueros, que quiera evadir pasar un par de años tras las rejas después de violar la ley, lo único que tiene que hacer es decir que padece depresión o ataques de pánico.
Hace poco más de un año la sociedad dominicana observó boquiabierta cómo la señora Vivian Lubrano, condenada a cinco años de prisión por el fraude del Baninter, se valió de uno de esos recursos para no cumplir con su condena, hasta que el presidente Leonel Fernández se compadeció de ella y alegando “razones humanitarias” la indultó.
Hoy, penosamente, vemos como Leonel Almonte, otro condenado por el mismo delito en el desaparecido Banco Universal, echa mano del mismo recurso y se interna en una clínica alegando ser presa de una “profunda” depresión que le impide hacer frente a su castigo, que por cierto es definitivo, porque fue emitido por la Suprema Corte de Justicia luego de un largo proceso judicial, con achaques de salud incluidos.
Recuerden que estamos en Dominican Repúblic, donde, al parecer, nadie se sorprende por nada y se perdió la capacidad de acción y reclamo.
Sandra Guzmán es periodista
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