A medida que los días nos revelan la magnitud de la tragedia que asoló a Haití, tras el paso de un potente terremoto, los dominicanos solo nos queda agradecer a Dios que esa desgracia no tocó nuestro pueblo.
Las desgarradoras imágenes que incesantemente vemos en todos los medios de comunicación nos muestran que la República Dominicana fue una nación bendecida por el Señor, pues compartiendo un mismo territorio no se registró ni una sola víctima y nuestras edificaciones resultaron ilesas.
Ahora nos toca a todos ser solidario con nuestros hermanos y ayudarlos en todo lo que podamos.
Ayudarlos en la reconstrucción de su ciudad. Es tiempo de tender una mano amiga y compadecernos del dolor ajeno, que pudo tocar nuestras puertas. Debemos orar mucho, pero también tenemos que tomar el hecho como una lección y aprender de él, corregir errores, ejecutar planes de emergencias para desastres.
Debemos mirarnos en el espejo de Haití y hacer consciencia que en cualquier momento se destruye una nación.
Sandra Guzmán es periodista
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