Por coincidir con el viernes santo, día en que se conmemora la muerte de nuestro Señor Jesucristo y que las actividades cotidianas se ven desplazadas por la reflexión, el descanso o las vacaciones, para muchos pudo haber pasado como inadvertido el Día Mundial de la Tierra, que se celebra cada 22 de abril.
Pero lo cierto es que esta dedicación, que surgió hace 41 años en demanda de la creación de un organismo que velara por la protección ambiental, adquiere cada día mayor trascendencia, necesidad y justificación. Y esto no sólo para los países industrializados que lideran la emisión de CO2 al ambiente, sino para los pobres y desorganizados como el nuestro, que enfrentan las consecuencias con mayor nivel de vulnerabilidad y que también aportan su cuota a la contaminación, al agotamiento de los recursos naturales y al desequilibrio climático.
Entre tantos movimientos de reacción y alerta que han surgido en el mundo para enfrentar el deterioro del planeta, se destaca el de 350.org, una organización que busca reducir a 350 las partes de CO2 por millón en la atmósfera. Esto habla, en términos más comunes, de la proporción del número de moléculas de dióxido de carbono en relación con otras moléculas en la atmósfera. En la actualidad esa proporción es de 387.
Pese a los efectos recientes de derretimiento de los polos y aumento de los desastres naturales por la alteración de las estaciones climáticas, 350.org explica que hace ya más de 20 años que James Hansen, de la Administración Nacional Aeronáutica y Espacial Estadounidense (NASA), advirtió que, si quiere conservar las condiciones propicias para la vida en la tierra, la humanidad debe avanzar hacia reducir las partes del CO2 a 350 por millón.
Las consecuencias de deosoir esta advertencia tendrán que ver con una dosis aumentada de los fenómenos que ya estamos viendo. Se derriten los glaciares, se propagan las plagas a lugares de donde no son endémicas, las zonas marinas crecen, la sequía se generaliza, y, para ser más gráficos, el agua potable y los alimentos escasean.
Una explicación directa a nivel de causas y efectos podría llevar mucha dilucidación científica y no es el propósito de este escrito. Lo trascendente aquí es la necesidad imperiosa de un cambio de estilo de vida para la humanidad. Cambio de estilo de vida en la producción y en la generación de energía y en la selección de materias primas para esa producción, cambio de vida en el consumo y cambio de vida o de actitud en cuanto a cómo nos comportamos con el ambiente cuando nos deshacemos de aquellas cosas a las que ya les sacamos utilidad. En resumen, a cada minuto, tomamos decisiones que pueden contribuir con un mundo más sano o más caótico.
En un país como República Dominicana, en donde sólo el cabildo del Distrito Nacional recolecta más de 2 mil toneladas diarias de basura, el Día Mundial de la Tierra se presenta como oportunidad para llamar a ese cambio en el estilo de vida, en el plano de las acciones institucionales y en el de cada una de las personas.
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