La Junta Central Electoral sigue demostrando su incapacidad institucional para controlar y garantizar el juego democrático en un proceso electoral. Pero al menos ha mostrado interés en hacer respetar algunas reglas.
Estos jueces han sabido ponerles límites, aunque muy holgados, a las acciones desmedidas de las cúpulas políticas y sus candidatos.
No es que sea mucho, pero han sabido decir "no" en determinadas circunstancias, pese a sus diferencias internas y al origen de su designación, intrínsecamente dependiente de la repartición de las organizaciones que dominan el Senado.
Los que no cambian, al menos que sea para mal, son los partidos. Reafirman su negación a los métodos democráticos para instaurar la ilegitimidad del autoritarismo, las componendas y los acuerdos de aposentos, como mecanismos para definir estructuras internas y candidaturas nacionales.
Se constituyen en líderes de la degeneración social, con gastos excesivos de promoción en un país de abundantes precariedades y recurren a las prácticas más corruptas y negadoras de la dignidad humana para hacerse con sus propósitos electorales, sin mayores principios que la obsesión por el poder.
El presidente Leonel Fernández, como jefe del Estado, envió una carta con miembros del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana, en la que se puso a disposición de la JCE para lo que fuese necesario, con tal de que los comicios resulten lo más ordenados y transparentes posible.
Para ayudar al presidente en su empeño por que las cosas salgan bien y la decisión ciudadana no se vulnere, se le puede hacer una elemental recomendación:
Que ordene a sus funcionarios en dependencias de trabajo social, como la Lotería Nacional, que descontinúen desde ya el suministro de colchones y electrodomésticos a los candidatos congresionales y municipales del PLD, pues en cualquier sociedad eso es robo y competencia desleal.
Si eso es mucho pedir, entonces se podría decir que es descabellado demandar que esos candidatos devuelvan lo que el Estado invirtió en generarles simpatías.
Si los políticos trazan pautas de por dónde deben enrumbarse las sociedades, entonces la nuestra no va en buena dirección.
Comentarios (3)