Conducía por una de las cogestionadas avenidas de Santo Domingo. El sol torturaba con tanta inclemencia como lo había hecho él a algunos de sus enemigos. Pero el confort y el aire acondicionado de su Jeep Gran Cheroke del año le creaban una cápsula de protección que le brindaba la sensación de intocable.
De pronto un timbre, un presentimiento. Baja el volumen al tema de Daddy Yanqui que suena en su equipo de música. El ícono de llamada entrante se impuso sobre el fondo de pantalla de su celular: una foto que se había tomado mientras penetraba a una de sus amantes favoritas.
Qué curioso, precisamente ella acababa de caer en manos de la Ley, y lo peor, él estaba a punto de convertirse en el próximo.
Pero que va, quien lo estaba llamando para advertirle era justo un representante de la Ley, y a la vez, uno de sus peones. O de sus socios, uno nunca sabe. El hecho era que contaba con suficiente información para saber lo necesario en el momento oportuno.
De repente la tranquilidad se convierte en acción. El capo, que hacía 10 años se había escapado de una cárcel de máxima seguridad de otro país -sin tener que cavar un túnel o arrastrarse bajo alambradas- ahora abandonaba el lujo de su jeepeta para escabullirse a pie entre el transito de las calles de Santo Domingo, bajo el sol inclemente.
Sudó, sí, pero desapareció.
Personaje de múltiples identidades, rápido se popularizó por su exquisitez para las viviendas y los autos. Se supo de sus dotes de gran seductor, quizás por sus millones o por alguna virtud psicológica extraordinaria. De su afición por las orgías, que no respetaba las mujeres de los amigos, que usaba sexualmente a niñas y que no le temblaba el pulso para matar. Era digno del respeto que inspira el temor, merecedor de un buen guión cinematográfico.
Algunos llegaron a pensar que era un agente encubierto de la DEA.
Pero en ese 3 de septiembre, por algún lado se había roto la cadena de complicidad, corrupción, miedo e inoperancia que lo protegía. Aunque hasta ese momento era sólo un hueco en la gran estructura.
En los meses siguientes se produjo una doble cacería. Por un lado caían ante la Justicia muchos de sus colaboradores, sus protegidos y sus mujeres, aunque su concubina y su amante preferida luego desaparecieron por artes y bendiciones similares a las de él. Por el otro lado, morían acribillados sus cómplices, compadres y lugartenientes.
La red se estaba desmantelando y cinco meses después no se sabía si se autodestruía, si era él quien movía sus hilos desde la clandestinidad o era la cúpula de la oficialidad involucrada la que borraba huellas, testigos y evidencias.
Desde entonces, el mes anterior a septiembre ya no sonaba igual, ahora venía con una semántica de leyenda, como de película de esas dignas de sagas y nuevas versiones, o de esas que dicen ¡Continuará!
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Comentarios (7)
Sigue investigando que va por buen camino. Lastima que no ha aparecido un arrepentido del grupo para hacer las confesiones que hacen falta para que caigan todos los pejes gordos.
Por cierto ?Donde esta la senora del Colonel Gonzalez?
Ese tal agoto y su mujei hace rato que se icieron una cirujia y mataron al doctoi para que nadie supiera quiene son.
Doi peso a moriqueta que salen regidore en la proxima serie de mayo.
A proposito no voi a seguir opinando, pue no se que aria con 5 millone, no se contai ata ahi !
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