El pueblo haitiano se enfrenta ante otro gran desafío, en medio de caos y la calamidad provocada por el terremoto de 7,0 en escala de Richter que el martes golpeó a la nación más pobre del continente americano.
Lograr su reconstrucción y encaminarse por el sendero del desarrollo será una tarea que las autoridades de esa nación y la Organización de las Naciones Unidas, que controla el territorio, deberán tomar muy en cuenta.
Pero uno de los problemas que enfrenta la reconstrucción es que la misión de la ONU en el país caribeño quedó devastada por el movimiento sísmico. Por esa razón, la capacidad de rescate de las personas que aún están atrapadas en los escombros se ha visto debilitada.
Pero, además, Haití se enfrenta a otro desafío. El país tiene un historial de violencia política, y muchos podrían desesperarse, si la ayuda no llega como debe ser.
Las labores de rescate se han tornado un tanto difícil, debido a que muchas zonas quedaron prácticamente aisladas.
Los funcionarios de la ONU admitieron que llegar pronto a las poblaciones más aisladas ha sido “una tarea muy difícil”.
Ya se habla que unos 50 mil muertos y 250 mil heridos, mientras autoridades de esa nación advierten sobre el aumento de víctimas.
Los organismos internacionales estiman que se necesitarán muchos recursos para restaurar ese país, que hace dos años fue azotado por dos huracanes en menos de un mes. El terremoto dejó, además, muchos hospitales destruidos, y se teme que parte del personal médico haya muerto, lo que agrava aún más la situación.
Muchos países se han unido a las labores de rescate y anunciaron su disposición de participar en la reconstrucción. Han llegado ayuda desde Brasil, República Dominicana, Estados Unidos, China, Venezuela, Cuba y otras naciones.
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