Los jóvenes de nuestro país deberíamos mirarnos en el espejo de los envejecientes, si es que aspiramos llegar a viejos.
Abuelitos/as que ocupan aceras, calles, puentes, contenes y refugios abandonados no sentados ni disfrutando de la naturaleza y el ambiente, sino más bien tirados, postrados, enfermos y desanimados, sin ninguna seguridad social que les ampare.
Muchos/as recuerdan en sus mentes los más de 20 años que trabajaron para luego no tener un descanso en paz, una silla que ocupar, un alimento que ingerir, dinero con que contar.
Son dignos de mejor suerte.
Carol Martínez, periodista
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