En los últimos días hemos palpado cómo la violencia y la criminalidad se han vestido de infancia para llevar a cabo operaciones tan siniestras que jamás nadie imaginaría que un niño fuera capaz de realizarlas.
Es una lástima saber que tales acciones pudieran evitarse, si los pequeños actores contaran con una formación sólida desde el seno del hogar, pero mayor lamento hay en saber que la mayoría de éstos son el fruto de la desintegración familiar, de una vida desprotegida y de la falta de responsabilidad de ciertos progenitores que olvidan que la tarea inicia en y por el hogar.
Eilyn Segura, periodista
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