Y si la voz fuera enhebrada en agujeros estridentes con ecos irrepetibles.
Y si las ideas fueran caballos maltratados por azotes. Si la necesidad fuera prohibida y los gestos pecado.
Si la verdad no existiera y la desesperación fuera el equipaje. Las creencias, un baño de estiércol.
¿Qué sería de nosotros?
Si no existieran espadas tintadas, o discursos enérgicos en busca de soluciones. La musa estaría agonizante. Por suerte... existen unos cuantos seres extraños que desafían todo reto... se lanzan, aunque les espere una cama de clavos, o le cercenen la lengua y les quemen los dedos.
Elsa Báez, estudiante
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