La quietud en la capital se siente durante tres días cada año. Desde mi punto de vista es un ambiente formidable.
Lejos de esos musicones insoportables que interrumpen la tranquilidad del hogar, sin el estrés que causan las bocinas de vehículos sonadas por conductores desesperados en los tapones o semáforos en rojos, que ante esa situación no entiendo la necesidad de la bocina, y sin el agobio del día a día.
La tranquilidad, la armonía y la paz no tienen precio, pero qué pena que el bullicio y el estrés sólo cambia de lugar durante tres días en la Semana Santa.
Yanessi Espinal , es periodista
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