Es evidente que por las distintas circunstancias que nos rodean, los seres humanos tendemos a caer en estado de ansiedad y preocupación, sobre todo, por lo que ha de acontecer al respecto de cualquier situación en nuestras vidas.
En esos momentos, es pertinente entender con la mayor madurez posible que todo cae por su propio peso.
Nuestra única preocupación frente a las dificultades es y debe ser la de cumplir con nuestros deberes apegados a nuestros principios de vida, pues lo demás correrá solo y nuestras actitudes hablarán por nosotros en complicidad con el tiempo y la justicia divina.
Eilyn Segura, periodista
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