Pablo, el apóstol tuvo que vivir de la dádiva. Viajó muchos kilómetros, tuvo éxitos y fracasos, captó muchos adeptos a la fe de Cristo, pero también sufrió muchas decepciones.
Tuvo abundancia y escasez, estuvo saciado y también pasó hambre. Pero nunca cesó en su misión de llevar el mensaje de salvación.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, decía Pablo.
¿Y nosotros? ¡Por el mínimo contratiempo llegamos a maldecir! Pablo no nos enseña más que lo que Jesús nos dejó con su ejemplo: Tener fe; no desmayar, pues esa desgracia inminente puede ser revertida con la certeza de que Dios obrará.
Eso de contentarnos en cualquier situación no es una idea descabellada, es un paso de fe.
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