Con un poco de temor me dijo: “acribillado”, cuando le pregunté como se llamaba el juego en el que participaba, que más que una simple recreación parecía un ensayo para una película de pandilleros.
Eran aproximadamente treinta niños entre los 8 y 13 años, portando pistolas y metralletas de juguete, pero muy parecidas a las verdaderas.
Me quedé perpleja cuando los vi pasar frente a mi casa y mi mente hizo un rápido viaje al futuro que me llenó de pavor y la preocupación me hizo indagar sobre esta forma de diversión que compartiré con los lectores próximamente.
Robemmy Reyes, periodista
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