Llegó el tiempo de sequía. Es entonces cuando recordarnos el valor incalculable que el agua tiene para nuestra subsistencia. Algunos ríos han bajado su caudal y ya se notan las consecuencias en los barrios, donde pasan días sin que les llegue una gota, en la agricultura seca y la baja producción de las hidroeléctricas.
Cuando vemos que el agua ni nos llega a los tobillos queremos afanarnos. Vienen las advertencias y las urgentes medidas. Ojalá que la lluvia no borre el interés por racionar el agua, una costumbre que debemos adoptar siempre. A ver si por fin aprendemos a no desperdiciarla.
Felivia Mejía, periodista
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