Se hace cuesta arriba acostumbrarse a la ausencia de un ser querido que parte hacia la eternidad.
El hecho de saber que ya no lo veremos porque tomó un tren sin regreso provoca una erupción volcánica de sentimientos encontrados, que escogen como escenario las risas, por los gratos recuerdos o las lágrimas por el peso de la ausencia.
Es de humanos el lamentar la partida de familiares o amigos.
Pero lo más importante es que también cargamos en nuestro equipaje de vida, la capacidad de reponernos, de levantar la mirada y seguir el camino.
Eilyn Segura, periodista
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)