El silencio de los hombres de bien es testaferro infame de aquellos que buscan presurosos manipular las conciencias para adueñarse del mundo a cualquier costo.
Cuando el pintor, el poeta o el cantante temen, el arte se torna evasivo a las realidades que nos embisten con fiereza y, por lo tanto, se convierte en el peor de los enemigos del bienestar humano.
Cuando el obrero, el estudiante, el ama de casa o el desempleado prefieren sufrir callados el abuso perpetrado por quienes dominan, están firmando apresurados su ominoso contrato con la esclavitud, con la muerte. Abrid la boca, matad al silencio, sed libres.
Merkiseded Avelino, periodista
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