En la medida en que las avenidas de Santo Domingo se inunden de un transporte público decente, contribuiremos a la descongestión del tránsito.
Estoy segura de que si pudiéramos contar con autobuses en buenas condiciones, limpios y presentables, con asientos sin roturas que amenacen la vestimenta del usuario, si contáramos con minibuses regidos por rutas con horarios, muchos se decidieran a dejar sus vehículos en casa.
Pero viviendo la situación que tenemos, con unos cacharros circulantes, rutas pirateadas que favorecen el trabajo de delincuentes, cualquiera se desespera y compra su carro.
Felivia Mejía, periodista
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