Paralizar el transporte no debe ser siquiera una medida a considerar entre las estrategias de los sindicalistas para exigir reivindicaciones.
Los que vienen de los pueblos sufren más que los que residen en la capital. Las fuerzas del repudio a esta abominable acción se alimentan en el panorama de cada estudiante parado a la salida de la ciudad amparado en la misericordia de Dios para llegar a su provincia.
Con más ímpetu se detesta cuando se observa la expresión de impotencia del jornalero que perdió un día de trabajo porque no encontró guagua para venir a la capital.
Felivia Mejía, periodista
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