Es penoso que tantas personas que pasan de los 50 años estén confinadas a un retiro laboral forzoso por su edad.
Muchos todavía a los 70 años están saludables, son fuertes y entusiastas.
Si se dijera que están sentados en casa disfrutando de una buena pensión, sería excelente. Pero la gran parte no recibe ayuda económica y ya no califica en ningún puesto.
Quienes lograron jubilarse, reciben un cheque paupérrimo que no alcanza ni para tomar café a diario.
El Gobierno debería aprovechar esa mano de obra con experiencia que pasa tantas penurias siendo aún útil.
Felivia Mejía, periodista
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