El contenido de las canciones de distintos géneros musicales que amenizan las fiestas y reuniones de la mayoría de nuestros jóvenes principalmente, nos pone a pensar en el agudizamiento de la crisis de valores en nuestra sociedad y más que todo se convierte en preocupante por la clara incitación que emiten las mismas hacia el consumo de estupefacientes, la depravación sexual y otras conductas perjudiciales para una generación que si bien es cierto tiene el desafío de construir un mañana mejor, no es menos real que, sutil o directamente, está siendo permeada y seducida hacia lo contrario.
Eilyn Segura, periodista
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