Temor de Dios no es terror, no es miedo a que Él me castigue.
El temor de Dios comienza con el reconocimiento de su esencia, de lo que Él mismo es, de su poder, de su grandeza, de su valor como creador del universo, como hacedor de lo que somos.
El temor de Dios es el respeto por su Palabra, es asumir sus instrucciones para la vida de fe.
El temor de Dios encierra conocimiento y esperanza.
No se trata de que, “no debo hacer tal cosa para que Dios no me castigue”; se trata de, “debo cumplir su palabra para alcanzar su promesa”.
No olvidemos que Jesús nos enseñó una nueva forma de ver a Dios: el amor.
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