Un amor silente, tortuoso. Intenté cambiar su visión de la vida, de mostrarle todas sus virtudes, y que no debía decaer por sencilleces, "la vida continúa", le decía.
Y creo que lo estaba logrando, ya salía, sonreía, bailaba... lentamente fui tratando de hacerla feliz, y procurando a que me quisiera, aunque sea un poquito.
¡Dios, cuánto la amaba!
Y sobre todo, esos días en que me alejé, no permití que me viera; me escondía, no tomaba sus llamadas.
Hasta que logró convencerme, sumándole el hecho de que no podía durar otro día más sin verla...
Elsa Báez, estudiante
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