En medio de la desprotección que rodea a tantas personas y de la carencia de amor que se exhibe en el balcón de sus rostros, producto de las experiencias amargas que han vivido, aun queda un recurso inagotable para llenar los abismos del alma y cambiar el panorama gris de sus vidas en una danza de colores amalgamada de armonía y bienestar.
Es el incomparable y sublime amor de Dios, el cual no mide distancias para llegar hasta el más recóndito lugar del corazón humano y darle aliento de vida sin que éste tenga que pagar, pues la cuenta fue saldada hace más de dos mil años.
Eilyn Segura, periodista
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