En cualquier circunstancia de nuestras vidas solemos clamar a Dios pidiéndole algo.
Decimos ¡Dios mío, dame la oportunidad de ser feliz! ¡Necesito un empleo!, ¡quiero una casa!, ¡cambiar mi carro!, ¡salud, bienestar, dinero!Y así hasta que le pedimos el más mínimo detalle.
Sin embargo no recordamos agradecerle de corazón cada mañana al despertar, porque respiramos, por un nuevo amanecer, una nueva oportunidad. Digamos ¡Gracias Señor por tu amor, misericordia y perdón!
Elige un día para decirle: Señor hoy no quiero pedirte nada. Hoy solo quiero darte las gracias por todo lo que haces por mí.
Damaris Veras, periodista
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)