Caminar trayectos difíciles, sonreír, escuchar, dar ejemplo sin doble moral y tomarles la mano, son algunas de las cosas que los adultos debemos tomar en cuenta para encaminar a las generaciones futuras por el sendero adecuado; por ellos, para ellos y por ende para la sociedad.
Es vital tener presente que muchos niños se encuentran en un estado de incertidumbre y soledad que, de no ser supervisados, terminarán en caminos que no tienen retorno y con su perdición llevarán lamentos y lágrimas a muchas familias.
Apresuremos la marcha, porque el que hoy no está dispuesto, menos lo estará mañana.
Leonela Taveras, periodista
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