La muerte a tiros en la víspera de Navidad del ex coronel de la Policía José Amado González González, vinculado con el fugitivo narcotraficante Figueroa Agosto, es una muestra más de que el flagelo actúa sin piedad.
Me consterna el recuerdo de Navidad que tendrán los hijos del ex oficial, que tuvieron que presenciar el horrendo hecho, en el que, además, estuvieron cerca de dejar sin vida a su madre.
Desconozco si los autores del hecho son padres de familia, y aunque no lo sean, quisiera llamarlos a reflexionar si éste es el llamado que Dios nos da.
Kirssis Díaz, es periodista
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