La lógica me está dando un poco de frío. Me da pique. Orlando me aconseja que piense en lo imposible y yo no dejo de creer que eso no es más que una tortura.
Un ejemplo lo tuve ayer, cuando me acosté con el deseo de que no amaneciera jamás; sí, sentí pesar cuando desperté y ahí andaba el día estropeando la noche.
Y hoy, otra vez me agarró la lógica. ¡No ombe! Ya está entrando la brisita y sería buena idea que la razón dejara de echarme fresco.
Hace horas ya que se puso negro, quizás si mañana me acuesto temprano, la noche no sea eterna, pero sí más larga.
Glenys González, periodista
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