“Cada día, al levantarme, le pido a Dios que ponga en mi camino una persona a la que pueda ofrecer mi ayuda”.
Estas fueron las palabras finales del sermón del domingo en la iglesia, y a pesar de la profundidad del compromiso, pensé que debía adoptar la misma actitud de inmediato, porque la verdad es que hay mucha gente necesitada en las calles, que precisan, más que una ayuda económica o alimenticia, un apoyo emocional y un socorro ante los problemas que los aquejan.
Cooperar con las necesidades de los demás nos hace crecer como seres humanos e identificarnos como tales.
Robemmy Reyes, periodista
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