De manera brusca, tomé mis cosas, y partí. Aun escuchaba a distancia su dulce voz que me llamaba, pero no quise voltear, no podía hacerlo.
Ella se quedó estupefacta, pues no comprendía mi actuación.
Se supone que como yo soy, o era su mejor amigo, debía estar feliz; porque ella lo estaba.
Pero no es así.
No se daba cuenta que desde el primer día que la vi, quedé totalmente enamorado.
Eso no me había ocurrido con nadie, he tenido muchas novias, pero nunca llegué a amarlas, como a Rosa Iris.
Elsa Báez, estudiante
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