Con lágrimas en mis ojos, latidos acelerados en mi corazón, limpio su fotografía y recuerdo todas las vivencias que compartimos juntos, al visitar la tumba de mi progenitor, donde unas rosas decoraban el lugar.
Acepto todo lo que la vida ha guardado para mí, agradecida de mis tristezas que me acercan más a Dios, de mis alegrías y triunfos, porque me recuerdan que los sueños cristalizados son el resultado del trabajo digno.
En el Día de los Padres atesoro más cada momento que viví a su lado, pues ahora entiendo el papel de su personaje en la historia de mi vida. Dedico este artículo a Nicolás Ozuna.
Ana Ozuna, encargada de Archivo CDN
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