Como están las cosas en este país, no deberá ser nada halagüeño eso de ocupar el cargo de Defensor del Pueblo. Pero, a pesar de esta apreciación hay mucha gente que sí se siente motivada para ocupar tales funciones.
Decimos esto debido a los tantísimos problemas sociales que tenemos los dominicanos.
Corrupción administrativa, auge del negocio y consumo de drogas, explotación inmisericorde del medio ambiente, problemas de contaminacion, incremento de la violencia y la delincuencia, abusos de autoridad, de violación, etc.
Y eso que desde hace más de 10 años en este país se está hablando de posicionar a un Defensor del Pueblo.
Pero los intereses políticos y de otra índole han podido más que las aspiraciones y las ansias del pueblo.
Candidatos hemos tenido de sobra, algunos que ni siquiera pueden arbitrar los problemas que tienen en sus respectivos hogares, aunque hay que reconocer que hay otros que en verdad honran a su país, por las prendas morales que exhiben en sus comportamientos y a través de su trayectoria profesional y como seres humanos.
Deben decidir
Las ternas a someter ante el Senado tendrán que ser previamente depuradas. Por la importancia de las funciones a ocupar, y la maraña que implica, cada partido buscará que la suya sea la escogida.
Pero se tiene el temor de que se le siga dando largas al asunto, y que la población no disponga de un mecanismo directo para hacer valer sus derechos.
La proximidad de la campaña electoral con miras a las elecciones congresuales y municipales de mayo del 2010 constituye una excelente motivación para que los congresistas se animen a escoger un Defensor del Pueblo, que en medio de tantos inconvenientes que tiene este país deberá tener bien puestos los pies sobre la tierra y tener presente la seriedad del cargo que va a ocupar.
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