Los niveles de inconformidad por los resultados obtenidos hasta ahora en el ya avanzado proceso de reforma constitucional son tan altos, que no solo abarcan a los sectores que miran desde afuera el proceso.
También legisladores de distintos partidos han expresado su frustración porque entienden que lo que está por salir de la Asamblea Revisora no llena las expectativas, en materia de avance democrático e institucional, que se habían generado, tomando en cuenta que por primera vez en mucho tiempo, se iniciaba un proceso de ese tipo sin una gran crisis de por medio.
Este hecho, es decir, la ausencia de grandes problemas coyunturales que pudieran obligar a poner remiendos a la Carta Magna, debió facilitar una reforma amplia, consensuada, y sobre todo perdurable.
El balance arrojado hasta ahora demuestra que podría no ser así, y ya hasta se habla de que la nueva Constitución duraría poco, ya que pronto habría necesidad de una nueva reforma para enmendar errores.
Dos extremos
Llama la atención que entre los principales críticos de los resultados del proceso figuren los diputados Pelegrín Castillo y Minou Tavávez Mirabal, dos congresistas que tienen mucho en común, incluyendo su entrega apasionada a la labor legislativa, pero que, a pesar de que fueron electos en la misma boleta, tienen ideologías bien definidas y distintas, al punto de que difieren radicalmente en puntos fundamentales. Castillo es un genuino representante del sector conservador del país, mientras que Minou tiene convicciones igualmente firmes, pero de corte liberal.
El hecho de que ambos, desde sus disímiles puntos de vista, coincidan en que la reforma ha tomado un camino que no es el más adecuado, debería decirle algo a los que defienden a rajatabla el proceso, y más aun a los que llegan a descalificar a los críticos.
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