El proceso de reforma constitucional entra en su etapa final, por lo que todo indica que no habrá problemas en que se cumpla la meta del presidente Leonel Fernández, promotor de la reforma, de que el país tenga una nueva Constitución a partir del próximo 16 de agosto, una fecha emblemática en la historia dominicana.
Independientemente del alcance y efectividad de las modificaciones, esta reforma será, sin dudas, el mayor logro en materia institucional del tres veces electo presidente de la República, así como la construcción del Metro es su obra más importante en materia de infraestructura. Fernández, con todo y que tiene mayoría en el Congreso, necesitaba una “ayudadita” de la oposición, y logró obtenerla.
Firmó sendos acuerdos con Miguel Vargas, nuevo líder del Partido Revolucionario Dominicano, y posteriormente con la cúpula del siempre presto a negociar Partido Reformita Social Cristiano, lo que garantizó un proceso ágil y poco traumático.
Pese a esta abierta colaboración, para fines históricos se hablará de “la reforma de Leonel”.
Los cambios
Con relación a la importancia y profundidad de los cambios que hasta ahora se han aprobado hay diferencias en la sociedad, ya que algunos sectores entienden que el conservadurismo se ha impuesto y no se ha aprovechado la oportunidad para dotar al país de una Constitución acorde con los nuevos tiempos, mientras otros creen que sí se han logrado avances notables, sobre todo con la incorporación de nuevas figuras como el referéndum, el Defensor del Pueblo y el Tribunal Superior Electoral.
Lo deseable es que los cambios se reflejen en una Constitución funcional, moderna, y sobre todo duradera, para que no sea necesario revisarla nuevamente en poco tiempo y seguir la tendencia de introducir modificaciones a la Carta Magna por situaciones coyunturales.
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