En una pelea el pasado sábado en México el boxeador Marco Antonio Nazareth, de 23 años, perdió la vida fruto de un derrame cerebral que padeció tras desmayarse por los golpes que recibió de su rival Omar Chávez, hijo del célebre ex campeón mundial Julio César Chávez.
Esta muerte se suma a las que anualmente se producen por la práctica de este “deporte”. Omar Chávez emitió un comunicado ayer lamentando el deceso de su rival por los golpes que él le propinó.
Realmente Chávez no es el único culpable de este deceso, pues él es solo un tornillo en ese ensangrentado engraje.
En sociedades civilizadas como Suiza está prohibida esta aberración deportiva. Es lamentable que con los avances de la humanidad, aun personas se entretengan viendo a dos seres humanos herirse y matarse a golpes.
Eso se justificaba en la época cavernaria, pero no ahora. El boxeo profesional es un anacronismo que produce numerosas muertes al año.
Lejos de promover esta práctica, sería mejor educar en contra de esta industria.
¿Cómo deben sentirse los que aplaudían los golpes que daba Chávez contra Nazareth? ¿Cómo debe sentirse Chávez? Sobre cómo se se sienten los que le sacaron beneficio económico a esta pelea no lo vamos a preguntar porque es obvio que la suerte de los púgiles no les importa mucho.
¿Se consolidó el golpe?
Pasan los días y los gorilas golpistas que tienen como proa a Roberto Micheletti siguen usurpando ilegítimamente el poder en Honduras.
El ambiente luce de que podían resistir hasta finales de año, fecha en que se realizarán elecciones.
La comunidad internacional no parece estar haciendo lo máximo para que Manuel Zelaya retorne al poder. Sería lamentable que este mal ejemplo se imponga y se salga con la suya.
Abajo estos neogorilas y que retorne el orden constitucional legítimo a Honduras.
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