Me contaba una amiga acerca de las largas caminatas que realizó en su reciente viaje a España, donde recorría decenas de cuadras, sin darse cuenta, disfrutando del paisaje y los negocios que encontraba a su paso.
Era tal el deleite que sólo sintió cansancio al retornar al país. Nosotros los dominicanos, no podemos decir lo mismo en nuestra tierra, pues la situación de la mayoría de las calles y avenidas es distinta, por eso cuando viajamos añoramos disfrutar de nuestro suelo, pero en condiciones agradables.
Soñamos con caminar por vías sin basura, sin aceras rotas, sin hoyos, en fin, gozar de la riqueza natural y cultural que poseemos, y sin sentir envidia, pero de la buena.
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