La más rápida, efectiva e idónea manera de conocer el nivel de orden o educación de una nación es observar su tránsito. Aquí, donde todo lo sabemos y nada hemos inventado, no sorprendería que haya otros parámetros.
El caos del tránsito es la evidencia más contundente de nuestro atraso como sociedad. Medidas que vayan en buscar soluciones a ese mal, no pueden postergarse más, a pesar de que es una enfermedad que ya ha avanzado mucho.
Pero, de repente, se quiere dar la impresión de que el problema sólo es culpa de los motoristas. Cierto es que tienen una gran dosis, pero ¿qué se hace, o se piensa hacer, para entrar en cintura a esos asesinos con licencia que manejan las llamadas voladoras?
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