Sólo cabe esperar que esos once mil millones de dólares, anunciados desde enero, y recién confirmados, lleguen en su mayoría allí donde efectivamente sirvan para la reconstrucción de Haití.
Han pasado meses y en Puerto Príncipe sólo se ha visto esa ayuda inicial, de sobrevivencia, de primeros auxilios, comida y medicinas básicas, y aportes para construir algunas casitas. Todo bien intencionado, pero insuficiente.
Ahora, que no sea una nueva burocracia internacional y haitiana la que salga beneficiada al gestionar y canalizar los fondos. Ya quisiera uno que por una vez se impusiera el bien común, no el enriquecimiento de unos pocos.
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