Prefiero un niño desnutrido a un niño muerto, así se pronunció el ministro de Educación. Su dilema está mal planteado. La pregunta correcta es qué suplidor debo contratar como Ministerio de Educación para garantizar alimentos con ingredientes de calidad, que no se corrompan fácilmente, y por tanto que no intoxiquen a nadie, menos a los niños.
En segundo lugar, preguntarse a quién debo poner a supervisar el desayuno escolar, con la capacidad de gestionar una logística compleja, con las debidas potestades y recursos, para que el desayuno llegue a niños que lo necesitan mucho, y con apremio. ¿Es que somos tan incompetentes?
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