Las recientes elecciones arrojaron un Congreso, así como las autoridades municipales del país, para los próximos seis años. Ese interregno le permitirá “un descanso” a la población –claro, después que se produzcan los comicios presidenciales del 2012– y no será hasta 2016 cuando la nación tendrá que volver a elegir el paquete completo, unificado.
Para entonces, ¿habremos avanzado –como clase política– para evitar los traumas tradicionales? ¿Ya sabremos –como árbitros de la Junta Central Electoral– detectar los “fraudes” que tanto se enarbolan –a veces con razón y otras sin ninguna justificación– cuando se pierden las elecciones? ¿Seguirá el pueblo soportando tantas manipulaciones? ¿Y qué si antes viene el referendo?
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