No hay mal que por bien no venga. El triunfo de Gilberto Serulle en la sindicatura de Santiago hay que celebrarlo, y lo hacemos calladitos.
Es un peledeísta que le ganó al PLD y a su presidente, como se merecían luego de desconsiderarlo e ignorar a su mejor candidato para este puesto, prefiriendo a un reformista harto agotado.
Desde fuera, se diría que Serulle tiene en sus manos el mejor escenario posible, el más provocador: hacer una gestión modelo, inclusiva y participativa, aun tenga fallas (que sean inocuas) propias de humanos, y demostrar su sustancia y su valía a los ciudadanos de Santiago y a sus ex dirigentes morados.
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