Las personas en su desarrollo personal, y sobre todo en su desempeño profesional, tienden hacer las cosas de manera rutinaria. En ocasiones nos damos a conocer por la forma como actuamos con los demás, los hábitos nos identifican. Aristóteles, filósofo griego decía: “Somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito”.
En cada cosa que iniciemos por insignificante que parezca debemos hacerlo bien y buscar la perfección, no dejar que la rutina y la cotidianidad nos impidan ese avance. Debemos tratar de hacer de la búsqueda de la excelencia nuestra costumbre en el medio en el cual nos desarrollamos.
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