El mundo está estremecido. La ley SB 1070, firmada por la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, que califica a los inmigrantes indocumentados como “criminales” puede inscribirse en los anales de la historia como una de las manifestaciones de mayor intolerancia que se pueda concebir en estos tiempos.
Sin embargo, y como dicen las abuelas, “no hay mal que por bien no venga”. Esta ridícula legislación ha despertado el espíritu de solidaridad que siempre ha debido existir entre la gente para consolidar la convivencia pacífica y que parecía haberse perdido entre la cotidianidad y los afanes para la sobrevivencia individual.
El rechazo colectivo a esa monstruosidad legislativa confirma la apreciación del activista laboral neoyorquino John Delgado de que “ha despertado un gigante dormido”.
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