Sin pretender sacrilegios, conocemos los orígenes humildes de algunos poetas.
¿Son los “raperos” y “reggueatoneros” exponentes poéticos urbanos? ¿Una nueva poesía negroide? Lo bueno es que provienen de barrios marginados y han encontrado vías honestas de crecimiento económico.
Lo malo es que, salvo excepciones, sus productos no conducen a sana recreación ni al estadio utópico de la real poesía popular.
¡Aclárame Mateo!
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