Con el perdón de los que tantas piedras lanzaron en la UASD, incluyéndome a mí mismo, pero no debo callar ante lo que acontece en Cuba.
Ya no son sólo los disidentes encarcelados los que mueren por una propuesta de cambio, ni los jóvenes que demandan una apertura del régimen, sino, también, las Damas de Blanco las que marchan por las calles de La Habana pidiendo ¡un basta ya!, ante tanta ignominia.
Comentarios (1)