Las memorias son el lado bueno de la vida de quien las escribe. Los episodios críticos o negativos son obviados porque, sencillamente, lo que se busca es dar a conocer una verdad distinta a la verdad generalizada.
En consecuencia, lo interesante del libro “Trujillo, mi padre”, de Angelita, es la posteridad del relato y su valor como fuente histórica, aunque en él pinten al monstruo de santo.
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